jueves, 30 de enero de 2014

EL EDITORIAL DE LA NACIÓN Y LA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN

LA NACIÓN JUSTIFICA Y EXPLICA LO QUE ES UNA VERDAD A VOCES: LAS ENCUESTAS SON IMPRECISAS, POR DEFINICIÓN.

Dr. Luis Montoya Salas
Comunicólogo

LUEGO, SI PUEDEN DEJAR DE PUBLICARSE, SIN QUE NADA CAMBIE, ¿PARA QUÉ ENTONCES PUBLICARLAS, A MENOS QUE EXISTA ALGUNA INTENCIÓN, CALIFICADA POR LA NACIÓN MISMA COMO “TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN”?

De una manera inusual, La Nación publicó dos editoriales para justificar la no publicación de la última encuesta autorizada por el TSE, a tres días de las elecciones.
Extraigo algunos segmentos y agrego algunos comentarios.

Editorial
La Nación del 28 de enero de 2014
1.     La semana pasada, La Nación comunicó a la empresa encuestadora Unimer su decisión de cancelar un último estudio de opinión sobre el clima electoral. “La decisión responde a nuestra convicción de que, en las especiales circunstancias de esta elección, poco aportaríamos al proceso cívico y mucho a la especulación malintencionada”.
Comentario: ¿Qué de “particulares” tienen estas elecciones como para obligar a La Nación a cancelar la publicación de esta encuesta?
2.     “Estudios de procesos electorales recientes demuestran la tendencia de los indecisos a definirse en los últimos días y hasta en la fila de votación”.
Comentario: Esta afirmación no es cierta. Es verdad de Perogrullo que los indecisos, por definición, se deciden en el último momento. Por esta razón son indecisos.
3.     Publicaríamos, entonces, datos con más de una semana de añejamiento en relación con la fecha de las elecciones y con muchos votantes indecisos. Tres días más tarde, la votación necesariamente contrastaría con los resultados de la encuesta.
Comentario: Alain Touraine, eminente sociólogo francés : (…) « El encuestador es un personaje desconocido y extraño al medio de trabajo o habitat del entrevistado ; y las preguntas que formula, así como la correspondiente reflexión están lejanas del medio y de los problemas cotidianos del segundo ; por lo general, no coinciden los intereses de las empresas encuestadoras, con los de los encuestados » Y añade : «  Conviene no dejarse llevar por la impresión de verdad inmanente que le confieren la representatividad estadísticamente probada de las muestras consultadas » (Javeau, Claude : L’enquete par questionnaire. Manuel à l’usage du praticien. Editions de l’Université de Bruxelles. Belgique, P. 7)
4.     La poca cultura nacional sobre encuestas, en buena parte promovida por políticos que aplauden o censuran según los resultados, así como la confusión creada por la pluralidad de casas encuestadoras y metodologías, no todas tan rigurosas como la de Unimer, crean un campo fértil para las teorías de la conspiración y la maledicencia.
Comentario: La escasa cultura no es responsabilidad de los políticos, sino de los medios de difusión colectiva que la asumen como verdad absoluta, cuando son simples estadísticas revestidas de una aureola de verdad.
5.     Encuestas recientes, publicadas por varias firmas e instituciones, entre ellas la respetada Universidad de Costa Rica, revelan un descenso en la cantidad de indecisos, pero todavía superan el 21%. A la fecha de nuestra decisión, contábamos con la última encuesta de Unimer, que los ubicaba en las cercanías del 40%, si bien los datos son hoy demasiado añejos para pensar que la situación no haya variado.
Comentario: Igual argumento que para el párrafo 3 anterior.
6.     En las circunstancias de esta elección, no vimos la utilidad de publicar un resultado a solo tres días de que las urnas despejaran las dudas. No importa cuál fuera ese resultado, uno o varios de los bandos en disputa le darían una interpretación torcida, como viene sucediendo en los últimos meses. Y eso, a las puertas del dato definitivo y contundente del domingo.
Comentario: ¿Por qué echarle la culpa a los torcidos (izquierdistas?) cuando los resultados lo son por la naturaleza misma de las encuestas?
7.     En 1998, cuando también se decidió no publicar la encuesta final por circunstancias propias de ese proceso.
Comentario: Paradójicamente, ese año Las elecciones presidenciales de Costa Rica de 1998 fueron realizadas el domingo 1 de febrero de 1998 resultando electo Miguel Ángel Rodríguez Echeverría del Partido Unidad Social Cristiana con el 46.9% por sobre su rival José Miguel Corrales Bolaños del Partido Liberación Nacional que obtuvo 44.4%. En este año, las encuestas daban como ganador a Miguel Ángel Rodríguez por un alto margen. No obstante, apenas si ganó por 33,326 votos.
8.     Preferimos exponer las buenas razones de nuestra decisión que salir a explicarle, a quien no quiere entender, la inevitable discrepancia entre las urnas y los resultados obtenidos en el campo una semana antes de las elecciones y publicados a tres días de las votaciones.
Comentario:  Nuevamente se demuestra la volatilidad de las encuestas.
Las encuestas, hay que entenderlo de una vez por todas, son un retrato del momento en que se recogen los datos, no una bola de cristal para adivinar el futuro. Es obvio que habrá diferencia entre el día en que un 40% de los electores no se había decidido y el día en que todos nos vimos obligados a decidir.

Editorial del 29 de enero de 2014
Teorías de la conspiración
Actualizado el 29 de enero de 2014 a: 12:00 a.m.
1.a.      De pronto, entre los sectores proclives a desmerecer la credibilidad de las encuestas publicadas por La Nación surge una fe ciega en sus resultados. Este diario, por razones explicadas con claridad en el editorial de ayer, decidió cancelar el último sondeo preelectoral. Ahora no falta quien diga que la medida no obedece a los motivos expuestos con toda transparencia, sino al deseo de mantener oculto determinado resultado.
Sin comentarios.
2.a.      En todos los casos, la información no publicada habría favorecido a la tendencia política de quien formula la crítica, no importa su orientación ideológica. Pero ¿no era que manipulamos las encuestas? Si así fuera, no habría motivo para cancelar el estudio. Habría, más bien, motivo para publicarlo con los datos que mejor se nos acomodaran.
Comentario:  La frase “en todos los casos, la información no publicada habría favorecido a la tendencia política de quien formula la crítica” sugiere que La Nación sí conocía los datos de la encuesta no publicada.
3.a.      Es imposible sostener las dos cosas al mismo tiempo. Si no mintieran cuando nos acusan de manipular los datos, no tendría sentido acusarnos de no publicar una encuesta porque los datos no nos complacen. Así de estúpidas son las teorías de la conspiración.
Comentario:  Pues sí es posible. Cada bando tiene su propia verdad.
4.a.      Ahora resulta, además, que la fe depositada en nuestras encuestas por sus detractores es tanta que están ciegos al resultado de cualquier otro estudio. Hay encuestas cuyos números no favorecen a quienes nos critican. Al parecer, esperarían resultados más halagüeños de nuestra parte. Pero ¿no somos nosotros quienes manipulamos los datos en su contra? Así de hipócritas pueden ser algunos políticos.
Comentario: Me parece superficial la posición de La Nación. Quienes estudiamos las encuestas comparamos datos y les damos seguimiento en el tiempo. Y creo tener el derecho de utilizar unas y otras para establecer mis propias conclusiones.
5.a.      Si los resultados de esos estudios no les complacen y esperan mejor fortuna con los nuestros, aceptarán, cuando menos, que unos u otros están equivocados. Distintos resultados no pueden ser, al mismo tiempo, ciertos. Confían tanto en los nuestros que, si decidimos cancelar la encuesta, temen perderse una medición más justa, pero eso no les impide ponerla en duda, una vez publicada.
Comentario:  Los resultados de las encuestas, independientemente de la casa encuestadora revelan la radiografía de sus propias muestras, metodologías, preguntas formuladas, calidad de los encuestadores, etc.
6.a.      Imagine el lector cualquier resultado de una encuesta publicada por La Nación a tres días de las elecciones, en medio del ambiente inusualmente crispado del actual proceso. No es difícil hacerlo. Ponga adelante al candidato de su preferencia o, más bien, al aspirante por el cual jamás votaría. Ahora, intente imaginar, con cualquiera de esos resultados, una pacífica aceptación de los datos, sin teorías de la conspiración u otras falsedades. Eso es imposible. A la misma conclusión llegó este diario.
Comentario:  Son riesgos que corren tanto La Nación, como la empresa UNIMER.
7.a.      El lunes conoceremos los resultados de la elección. Como solo hay un determinado número de votantes, a algunos partidos les irá mejor y a otros peor. Como no todos verán colmadas sus esperanzas, muchos o quizá todos los teóricos de la conspiración se verán desmentidos. No podrán decir que una encuesta de La Nación influyó en los resultados y tampoco podrán justificar por qué esperaban de ese sondeo un dato distinto del obtenido en las urnas.
Sin comentarios.
8.a.      Nuestras encuestas vienen dando cuenta de un alto porcentaje de votantes indecisos y los estudios de procesos electorales recientes demuestran la tendencia de ese sector del electorado a definirse en los últimos días y hasta en el momento mismo de la votación. La veda a la publicación de encuestas en los últimos días del proceso electoral nos obligaría a publicar hoy miércoles, tres días antes de la votación. Para hacerlo, el trabajo de campo debía cerrar el viernes, con tiempo suficiente para procesar los datos y redactar la información. Publicaríamos, entonces, datos con más de una semana de añejamiento en relación con la fecha de las elecciones y con muchos votantes indecisos. Tres días más tarde, los teóricos de la conspiración nos reclamarían la inevitable diferencia entre los resultados del sondeo y el dato definitivo de las urnas, sobre todo si los indecisos se inclinan mayoritariamente en una dirección. Nos adjudicarían, además, la intención de influir en los resultados. Las encuestas pueden medir tendencias, pero no adivinar la futura preferencia de los indecisos.
Comentario: Esto ya fue explicado anteriormente, pues es una reiteración de argumentos del editorial anterior, algo inusual en un editorial.
9.a       Por eso decidimos, en las particulares circunstancias de esta elección, abstenernos de publicar un último sondeo, apenas tres días antes de la apertura de las urnas. Como lo informamos ayer, nunca conocimos el resultado, precisamente para evitar suspicacias. Los teóricos de la conspiración no pueden aceptar ese hecho. Hacerlo los obligaría a reconocer nuestra integridad. Prefieren, entonces, olvidar sus anteriores cargos de manipulación para decir, ahora sí, que nuestras encuestas son buenas, que las manejamos con integridad y que preferimos no publicarlas antes de tocar un solo dato. ¿En qué quedamos?
Comentario: Es sorprendente que La Nación se justifique de esta manera. ¿Ante quién lo hace? ¿Con qué propósitos? Sin duda veremos cambios inauditos a lo interno de la política y línea editorial de este periódico.
10.a     El mundo de la teoría de la conspiración es perfecto, se encierra en su propia lógica y acomoda los postulados como mejor le convenga. Como nadie le pide cuentas, hoy sostiene una cosa y mañana otra, totalmente contradictoria. Frente a esa maledicencia, solo nos queda afirmar, con orgullo, nuestro compromiso con la verdad.
 

Comentario: La teoría de la conspiración es una realidad debidamente documentada a la cual no debemos cerrar los ojos ni subestimar. Por el contrario, debemos internarnos en sus profundas complejidades.

martes, 28 de enero de 2014

¿EN QUÉ SE FIJAN LOS ELECTORES PARA ESCOGER POR QUIÉN VOTAR?

PAPELETAS ELECTORALES Y LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

Dr. Luis Montoya Salas
Comunicólogo
La fotografía y los colores de los candidatos serán los únicos estímulos que podrá apropiarse el votante en la intimidad de la urna electoral. Sólo con la boleta y su conciencia tendrá algunos segundos para fijar su mirada en los ojos de las figuras impresas en las papeletas y de ahí brincar a los labios, luego a la nariz para concluir el recorrido en las orejas. Después decidirá si vota, por quién, si anula o deja en blanco su voto.
Un factor influyente sin duda alguna y que la mayoría de los partidos manejan con descuido es “la atención del cliente votante”, en el recinto electoral. Un mal gesto, una palabra grosera, una intromisión inoportuna de algún guía o dirigente bastará para determinar una decisión de voto. Así de sensible y solemne es la forma en que los ticos nos dirigimos a las urnas.

Cuando un votante recibe la boleta electoral aplica los principios básicos de la percepción visual propios de todo texto impreso.
Todos los autores consultados para este ensayo (Anne Marie Laulan, Norberto Chaves et Raúl Belluccia, Ruggero Pierantoni, Lorenzo Vilches y Francois Richaudeau coinciden en un punto, crucial en percepción visual y diseño gráfico: El sistema perceptual de los seres humanos apunta hacia la economía de esfuerzo. 
Para estos autores, la lectura / escritura en la cultura occidental evolucionó hacia una estructura horizontal lineal de sumatoria de letras y palabras organizadas de izquierda a derecha. Esta linealidad determinó la costumbre de percibir cualquier elemento en un espacio impreso en esta dirección. Así, convencionalmente un libro se empieza a leer por el principio; luego, de izquierd a derecha y de arriba hacia abajo.
Lorenzo Vilchez (Teoría de la imagen periodística, p. 20):
“Algunas investigaciones han demostrado que cuando existe más de un objeto en el campo visual, el que se encuentra en la izquierda produce mayor identificación en el observador, mientras que el de la derecha se percibe  como  ejerciendo más resistencia visual al anterior.  La visión de la derecha tiende a captar  los objetos en este lado como si tuvieran mayor peso. Pero el centro de la visión se halla en el lado izquierdo debido a que el observador pone mayor énfasis en la identificación de objetos en este espacio. El juego visual de izquierda a derecha … aparece más fácil, porque acostumbramos a leer en esta dirección según nuestros hábitos culturales. Así, si se mira de derecha a izquierda parece que el perceptor tiene que vencer una mayor distancia (debido a la resistencia ofrecida por nuestro hábito de lectura) para llegar al otro extremo”.
Otro factor que interviene en la percepción es el color. Este  tema es complejo, por lo cual se simplifica la explicación para efectos de comprensión.
De los colores escogidos por los partidos para identificarse, el rojo, el azul y el verde son los más fuertes por tratarse de los colores primarios, de los cuales se derivan los colores  substractivos:  magenta (que absorbe el verde); amarillo (absorbe el azul) y el cian (que absorbe el rojo). Consecuentemente, las banderas que más atraerán la atención de los electores serán las que tengan los siguientes colores: el rojo,  el verde y el azul, seguidas de los colores amarillo  y cian. Ahora bien, como algunas banderas complementan colores, obtienen de ello ventajas estéticas por equilibrio y complementariedad de colores en tanto que otras pierden atractivo por la pugna perceptual de colores que no son armónicos (verde con rojo, por ejemplo). Y en el primer caso se encuentran, en orden de percepción privilegiada: el verde y blanco; el amarillo y rojo y el azul y rojo.
En los últimos lugares de la escala de la percepción del color se encuentran: el amarillo aislado, el celeste con blanco y la graduación del azul al celeste, porque no son colores contrastantes. El negro es el peor color, por sus connotaciones.
Corolario:
Cada individuo percibe el color de acuerdo con su sensibilidad estética, originada por herencia genética, por determinismo social, por pruebas de ensayo y error. Sin embargo, existe un promedio de percepción de colores que es social. A esto se le llama empíricamente la combinación armónica de colores que atrae la atención, o genera el rechazo. En las zonas rurales, por ejemplo, la percepción de los colores está más influenciada por los colores dominantes del entorno como el verde, el café oscuro, el amarillo fuerte. En la ciudad, por un proceso de aculturación de los mass media se imponen los colores pasteles, suaves, neutros casi  de acuerdo con las tendencias de la moda.
Finalmente, anoto  los siguientes señalamientos:
  1. La fotografía y los colores del candidato serán los únicos estímulos que podrá apropiarse el votante en la intimidad de la urna electoral. Sólo tendrá algunos segundos para fijar su mirada en los ojos de las figuras impresas en las papeletas y de ahí brincar a los labios, luego a la nariz para concluir el recorrido en las orejas. Sólo después marcará la boleta.
  2. Debemos presuponer que miles de votantes no se expusieron a los mensajes de los partidos durante el proceso electoral. De ahí que será esta la única y última oportunidad para escoger, de acuerdo con las características fotogénicas de los candidatos. Si la teoría de la percepción fotogénica se aplica, estos indecisos que escogen “a dedo” se inclinarán por el rostro que les resulte más confiable, más agradable, más identificable. En esta línea de análisis, Otto Guevara ocuparía el primer lugar del rating de “hombre tipo”; seguidos por Johnny Araya y José María Villalta en conjunto, de acuerdo con la percepción de los votantes, con una ligera ventaja de Araya sobre Villalta, en razón de la edad. El tercer lugar lo ocuparía Luis Guillermo Solís. Y de último, Rodolfo Piza.
  3. Un tercer elemento que interviene es la posición de los candidatos en las papeletas. En tal caso, aumentarían las posibilidades de votar por la papeleta del extremo izquierdo, en razón de su ubicación y color dominante que por la del extremo derecho, por la misma acción de la teoría de los colores.
  4. Desde hace unos 15 años, el abstencionismo ha ido en aumento, al igual que el porcentaje de los indecisos. Estos últimos no llegan a las urnas con una convicción respecto de por quién votarán y su voto sería más un acto reflejo. Sobre ellos ejercería mayor influencia la percepción del rostro de los candidatos seguido de los colores de la bandera y de cuánto se expusieron a estos estímulos. En ese momento, poco o nada interesan los programas de gobierno o denuncias de corrupción.
  5. Finalmente. Un factor influyente sin duda alguna y que la mayoría de los partidos manejan con descuido es “la atención del cliente votante”, en el recinto electoral. Un mal gesto, una palabra grosera, una intromisión inoportuna de algún guía o dirigente bastará para determinar una decisión de voto. Así de sensible y solemne es la forma en que los ticos nos dirigimos a las urnas.
  

sábado, 25 de enero de 2014

¿POR QUÉ JOHNNY ARAYA NO REMONTA EN LAS ENCUESTAS?

Elecciones municipales del 2010:
26,000 VOTOS CON 81,6% DE ABSTENCIONISMO PARA JOHNNY ARAYA.
Luis Montoya Salas
Comunicólogo
Municipales explicarían actual situación electoral  de Johnny Araya.
En el San José de Johnny el Alcalde, habitaban 288.054 josefinos en 45 km2.  

Cuando los medios de difusión colectiva (prensa) se referían  a Johnny Araya como Alcalde de San José, ¿asumirían los periodistas que lo era de toda la provincia? 
La pregunta es válida, pues  el imaginario colectivo no está obligado a diferenciar el cantón de la provincia; y  en un proceso natural de economía de la información se asocia  (confunde) fácilmente la parte como el todo. Además, en el lenguaje periodístico se dan tantas circunstancias como si fueran hechos fácticos (conocidos por los perceptores), que   la explicación necesaria se excluye, inconscientemente.      
Con propósitos de aclaración: la Alcaldía de San José comprende 11 distritos, distribuidos en 45 km2. Pavas es el segundo distrito más poblado de todo el país, conocido por las bandas juveniles y el caos urbano. La Uruca, caracterizada por el lunar de La Carpio. San Sebastián, los “Hatillos”, Barrio Cristo Rey, forman parte del anillo conocido como “barrios de Sur”, con su particular problemática social. Y en el mero centro,  Catedral, El Carmen, Mercedes y Hospital. Cierran la lista Zapote, San Francisco de Dos Ríos y Mata Redonda (La Sabana).  
Para mejores señas, los dominios de Johnny Araya llegaban hasta donde empiezan los cantones de Belén, Heredia, Santo Domingo, Tibás, Goicoechea (Guadalupe), Montes de Oca, Curridabat, Desamparados, Alajuelita y Escazú. Cada uno de estos últimos, con sus respectivas alcaldías.

Los 22 años de Johnny el alcalde no convencieron a los josefinos.
Vista así, la tarea de Johnny el alcalde no parecía tan extraordinaria. Bastaba con desarrollar proyectos innovadores que respondieran a las necesidades mínimas vitales de los 288.054 habitantes registrados en las estadísticas oficiales, como pertenecientes a la Alcaldía de San José. Para dar cumplimiento a sus promesas, siempre contó con presupuestos significativos. Y a su favor, una variable imprescindible: tiempo. 22 años.
Sin embargo, tantos períodos continuos no convencieron a los josefinos. Por esta razón, para llegar al puesto de alcalde debió recurrir a la regla de excepción contemplada por la ley: el abstencionismo y no por una aplastante votación. Si hubiera logrado desarrollar y cimentar la popularidad entre los suyos, los próximos, sus vecinos, Johnny Araya, el candidato presidencial no estaría hoy en problemas.    
De acuerdo con datos del Tribunal Supremo de Elecciones, para el proceso electoral de las municipales, se inscribieron 225,542 electores josefinos. Pero solo votaron cerca de 42,000. Así, Araya ganó con el 61,9% de los votos emitidos.
Si  consideramos este porcentaje fuera de contexto, podría creerse que Araya ganó por un amplio margen. Pero si profundizamos en el problema del abstencionismo descubrimos que este fenómeno distorsiona la realidad. Unos pocos conscientes de sus derechos cívicos deciden, con su voto, por las grandes mayorías, apáticas y marginadas de la toma de decisiones, por su libre albedrío.  

¿Por qué la poderosa maquinaria electorera del PLN no apoyó a Johnny el alcalde?

Llama la atención, que en este proceso, la poderosa maquinaria electorera del PLN trabajara al mínimo de su capacidad, tratándose de uno de los suyos, en un cargo estratégico, como la Alcaldía de San José. La raquítica cantidad de votos acarreados  sugiere que su candidatura no contó con la bendición de la cúpula del PLN,  la del “Poder Real  de las Águilas”.  Y sin carisma,  sin liderazgo, ni obra que convenciera, este candidato no alzaría vuelo por su propia cuenta.
Johnny Araya no logró cimentar su liderazgo en la Alcaldía
Ante la volatilidad de las encuestas concernientes a Johnny Araya,  procede enunciar la siguiente hipótesis:
“El paso de Johnny Araya por la Municipalidad de San José afectaría negativamente su candidatura a la Presidencia de la República. Y si en el momento de su postulación los datos  lo favorecían, podría explicarse por el vacío de liderazgo en los otros bandos”.
La mezquina respuesta de los electores capitalinos, no obstante los 22 años de Johnny el Alcalde es un extraño síntoma;  pues en buena teoría, entre más cercanos los problemas a las comunidades, mayor será la identificación de sus habitantes. Y quien dice identificación dice participación, compromiso, conocimiento, preocupación por mejorar el entorno y los servicios dirigidos a optimizar la calidad de vida. Por lo demás, para conducir el  proceso se necesita un verdadero líder. Sin embargo, Johnny el Alcalde no reunía los requisitos necesarios para ocupar el cargo, en opinión del 81,6% de los electores que prefirieron abstenerse..
El pueblo costarricense sigue hambriento de liderazgo.
En el caso de la ausencia de liderazgo antes apuntada, obsérvese cómo la fugaz aparición de Rodolfo Hernández en la arena política y su crecimiento inmediato en las encuestas (como espuma) hasta alcanzar un 15%, modificó la relación de fuerzas. Las barras estadísticas empezaron a moverse y no se han detenido, hasta la fecha, provocando con ello una sana incertidumbre electoral. El pueblo costarricense sigue hambriento de liderazgo.
Me atrevo incluso a afirmar que fue en este momento cuando José María Villalta empezó a figurar con más insistencia en las encuestas, como si hubiera capitalizado  el vacío dejado por el Doctor. 
En una maniobra circunstancial e inmediatista para llegar a la Alcaldía, Johnny Araya aprovechó con sentido de oportunidad y cálculo político, dos factores: a) lo novedoso del modelo electoral municipal, que tomó desprevenidos a los dirigentes de los otros partidos revelando su  incapacidad de reacción y de adaptación; y b) aunque resulte perverso, el estado de postración, abandono, desinterés y repulsa de los habitantes josefinos. Tan imbuidos estarían en su estado de abandono,  que no habrían sentido necesidad ni interés por modificar sus circunstancias. ¿Le estarían ahora cobrando al ex alcalde, su oportunismo? 
Predicciones reservadas y atrevidas para febrero del 2014
De los candidatos con alguna mención en las encuestas, solo Johnny Araya tiene antecedentes verificables. Y este hecho,  en lugar de favorecerlo,  constituye su espada de Damocles. La prueba de este planteamiento es, precisamente, el presente ensayo.
Los asesores de imagen del candidato liberacionista pretendieron aprovechar su paso por la Alcaldía josefina llenando los anuncios publicitarios con imágenes sobre el Festival de la Luz, los Juegos Deportivos, la construcción del Barrio Chino, calles adoquinadas, carreteras nacionales, etc.
Pero estos mensajes, confrontados con la realidad,  no superaron la prueba.  La fría respuesta de los josefinos hacia su alcalde, aun teniendo todas las facilidades para apoyarlo (68 centros de votación dispersados por los 45 kms2 de sus dominios), es un indicador digno de ser considerado en las actuales circunstancias electorales. Y podría explicar, en buena teoría, el lugar que ocupa Johnny el candidato, en la intención de voto.
Por otra parte, la cúpula liberacionista, la del “Poder Real de las Águilas” le habría cobrado a Johnny el candidato, la decisión táctica de no solicitarles franquicia desde un principio para postular su nombre como su candidato. Sólo así se explicaría el boicot velado aplicado al Alcalde del PLN para utilizar toda la maquinaria electorera del PLN.
Al “Poder de las Águilas” no le convendría un tercer mandato liberacionista, pues dejaría sin ninguna oportunidad la precandidatura de Rodrigo Arias para el 2018. Recuérdese su  renuncia intempestiva a la precandidatura  para el presente proceso electoral,  luego de analizar con frialdad táctica los resultados de la gestión de Laura Chinchilla. Aunque, en su oportunidad, se argumentó su pésimo resultado en  las encuestas.
Ante este panorama, Johnny Araya vería disminuidas  sus posibilidades de ganar en la primera ronda. Y si no lo logra,  perdería,  indefectiblemente, en la segunda.
De todo lo anterior, queda claramente establecido que los responsables del lugar que Johnny el candidato ocupa en las encuestas son, en orden de importancia, el mismo Johnny Araya, seguido de su equipo de campaña. Subestimaron a José María Villalta, lo ignoraron y esquivaron durante varios meses, hasta que se dieron cuenta de su fuerza silenciosa. Y ahora, el candidato del PLN en persona sale a embestirlo endosándole la responsabilidad de su caída en picada, al tiempo que saca la espada salvadora del PLN en guerra santa contra la satánica ideología izquierdista del miedo al desastre económico y social de Costa Rica.
Al hacer esto, obligado por las circunstancias electorales, o por recomendación de sus asesores, Johnny Araya cae en el peor pecado del candidato estadista: bajarse al nivel de su contrincante. Con lo cual, al darle la importancia de su voz lo ensalza, aunque pretenda denigrarlo. Paradojas del verbo.